lunes, 29 de octubre de 2007

De que significa el proyecto de minería a cielo abierto en Tepeuxila

Introducción:

La región cuicateca forma parte de la geografía del estado de Oaxaca, según datos
oficiales este estado posee 95,364 Km2, de acuerdo al censo de 2000 cuenta con una
población total de 3, 228,895; de la cual la población rural equivale a 1, 824,408, la
población urbana a 1, 404,487; y la población indígena equivale a 1, 592,020, por su
variedad cultural contabiliza alrededor del 30 % de las poblaciones originarias a nivel
nacional.

Administrativamente se localiza dentro de la llamada región de la Cañada, cuya cabecera
distrital es la ciudad de Cuicatlán, que es la que da nombre a la región.

En general, la población indígena del estado presenta un grave atraso en su situación
social, política y económica, nada diferente de la mayoría de las comunidades indígenas
del país, resultado, sobre todo, del carácter de los gobiernos surgidos después de la
revolución, sobre todo de aquellos que sólo han buscado el bienestar de un grupo
reducido que se ha mantenido y beneficiado en el gobierno, la “familia revolucionaria”,
mientras que la mayoría de la población vive en condiciones de miseria, la cual se ha
acentuado y sin alternativas de mejoría en los próximos años, al menos dentro de los
marcos del actual modelo económico.

Según datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), Oaxaca figura ente los cinco
últimos lugares en cuanto a desarrollo humano, es decir que, según los criterios oficiales,
el nivel de escolaridad y conocimientos es de los más bajos. La educación, como
obligación del Estado, establecida en el art. 3º constitucional se ha convertido en una
realidad solo al alcance de comunidades numerosas y con capacidad económica para
sustentarla, situación que difícilmente se cumple en el estado, pues la mayoría de las
comunidades poseen densidades demográficas reducidas, acaso dos o tres mil
habitantes, en el mejor de los casos. Por lo que frecuentemente la incorporación es sólo
tangencial o coyuntural, según alguna moda sexenal, a comunidades con características
diferentes. Recientemente programas como enciclomedia, en algún otro momento
albergues comunitarios o algunos otros más.

De igual manera las opciones de desarrollo se han visto dificultadas por las dificultades
crónicas de integración que sufren las comunidades de la región, las cuales pese a que
son parte de un mismo pueblo, el cuicateco, hasta hoy no han logrado una participación
unitaria en la búsqueda de dar solución a sus dificultades comunes. Antes bien algunas
de las comunidades han practicado, sobre todo las cabeceras municipales un
colonialismo interno lo que ha contribuido al estado de cosas mencionado.

Como en todas las comunidades indígenas la propiedad de la tierra es comunal, en
algunos casos esta se combina con la propiedad ejidal, de cualquier manera el carácter
es comunitario, o al menos lo era hasta la reforma constitucional de 1992, bajo el régimen
de Carlos Salinas de Gortari, cuando la tierra colectiva se hizo susceptible de
privatización, es necesario recordar que estas reformas modificaron las leyes que derivan
del artículo 27, primordialmente la Ley agraria, la ley de aguas, entre otras, a la vez que
modificaron el funcionamiento de la Secretaria de la Reforma Agraria, dando origen a la
Procuraduría agraria, declarando finiquitado el reparto agrario y otras situaciones más que
colocaron a las comunidades en la indefensión.

A partir del año 2000, con la implementación del llamado Plan Puebla-Panamá, PPP, se
incrementó la ofensiva contra las formas comunitarias de posesión de la tierra y, en
general de la vida de las comunidades, programas como Solidaridad, Procampo, Progresa
y sus derivaciones se implementaron con la finalidad de alentar el ocio y la comodidad
individual en las poblaciones rurales, aparejado a estos programas el Estado mexicano
inició una clara ofensiva que busca la privatización de la tierra comunitaria, el objetivo,
desarmar a las comunidades, quienes una vez que han sido convertidas a una suerte de
dependencia, derivada de lo señalado líneas arriba, no tendrían otra alternativa más que
deshacerse de sus tierras y con ellas de los recursos naturales, los cuales casualmente
son abundantes en sus territorios, con un agravante para dichas comunidades, no saben
que hacer con estos, algo que las transnacionales que acompañan el PPP tienen más que
resuelto, se trata pues de algo que podemos llamar plan con maña.

Nada es gratuito:

En este contexto desde los años 70 aparecieron a lo largo y ancho de la geografía de las
comunidades indígenas, sendos equipos de investigadores que realizaban estudios de
prospectiva, las noticias sobre el hecho pueden rastrearse fácilmente, decenas de
“ingenieros”, como suelen llamarles las comunidades, a diferencia de los “licenciados”,
que sólo hacen trabajos de oficina, estos se especializaban en recorrer los vastos
territorios de las poblaciones, aún a sitios que el común de los habitantes de las
comunidades no recorren, bien por su difícil acceso o por las supersticiones que
acompañan a algunos de los sitios.

La llegada y aterrizaje de helicópteros, avionetas y demás artefactos que colocaban a
estos “ingenieros”, muchas veces sin que las comunidades se percataran dentro de sus
territorios. El resultado, ahora lo sabemos, sendos estudios de prospección, de todo tipo,
herbolaria, flora, agua, madera, etc. Fueron minuciosamente ubicados y registrados por
escrito.

Es necesario precisar que en muchos casos estos “ingenieros”, al igual que algunos de
los “licenciados”, han utilizado como parapeto su pertenencia a dependencias oficiales,
a las cuales las comunidades suelen creer sin objeción, como es obvio, esta oficialidad de
las incursiones en los territorios raramente era efectiva.

Con el paso de los años y el afianzamiento del proyecto neoliberal globalizador,
encarnado con el PPP, la ofensiva sobre los recursos naturales se ha recrudecido, así
han aparecido, de la noche a la mañana, proyectos de explotación tanto oficiales como los
impulsados por el capital privado, mayormente el transnacional, la presa “El cajón”, en
Nayarit, los generadores eólicos de Iberdrola en el istmo de Tehuantepec, la ofensiva
sobre los bosques de los Chimalapas, la presa de la Parota, etc, todas con un signo
común la violación a la normatividad mexicana, expresamente la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, así como los convenios internacionales, señaladamente el
169 de la OIT, entre otros y, sobre todo una víctima común, las comunidades indígenas.

¿Ahora les toca a los cuicatecos?

En este contexto el CENTRO DE ESTUDIOS DE LA REGIÓN CUICATECA, inició desde
el año 2001 una investigación sobre las condiciones de la región cuicateca, en la
perspectiva de su inclusión dentro del PPP, los datos fluyeron rápidamente, y se tuvo
acceso al mapa denominado CARTA GEOQUIMICA POR ZINC OAXACA E14-9, el cual
registra los yacimientos contenidos en el territorio Oaxaqueño, señaladamente en este se

contempla a la región cuicateca, la cual se ubica en una falla geológica, que dadas sus
características ha permitido el afloramiento de señales que apuntan a la existencia de
yacimientos importantes de zinc y aluminio, pero también de algunos otros materiales más
exclusivos.

La profundización de la investigación permitió, poco tiempo después el acceso a una serie
de estudios geológico mineros, agrupados en la llamada CARTA GEOLOGICO MINERA
DE SANTIAGO NACALTEPEC, cuya referencia es Carta Santiago Nacaltepec, Clave E
14 D 27, Escala 1: 50,000, la misma agrupa estudios realizados en la zona desde el año
1971 hasta 1999, ello arrojo la descripción detallada de las fallas geológicas y de las
dimensiones que esta tiene, las cuales se ilustran en el mapa correspondiente. Estas
corresponden a un espacio geográfico cuyas dimensiones son de varios kilómetros
cuadrados, según la carta geológica mencionada en la zona cuicateca alcanza hasta 9
km. de ancho.

Dicho documento contiene, asimismo, una descripción detallada de las condiciones
geográficas y de las vías de comunicación de la región, puntualizando el hecho de que los
yacimientos se ubican en áreas totalmente accesibles. Este informe coloca pues a la zona
en el escenario de la explotación de los recursos mineros, en los hechos en el momento
actual se ha iniciado una explotación mineral de plomo en el territorio de las comunidades
de Quiotepec y Cuyamecalco, municipios de la parte conocida como la cañada.
Mientras se realizaba esta investigación se tuvo acceso a nuevas evidencias de que los
proyectos de explotación de los recursos están en marcha. En el mes de mayo del año en
urso se localizó información de carácter oficial, las fuentes, las páginas electrónicas de la
Secretaria de Economía y la correspondiente a la Dirección General de Minas, en ambas
el dato es contundente, existe en el municipio de San Juan Tepeuxila una concesión de
3500 has, a favor de la Minera Zapata S. A de C. V, esta sin embargo según versiones de
las comunidades afectadas, a saber las cinco que conforman dicho municipio, San Juan
Tepeuxila, cabecera municipal, San Sebastián Tlacolula, San Juan Teponaxtla, San
Andrés Pápalo y San Pedro Cuyaltepec, en las cuales ni las autoridades ni las
representaciones comunitarias, ni mucho menos las comunidades en general, se hallaban
enteradas, al menos hasta el mes de mayo en que se realizó la investigación de campo.


Dadas las características del proyecto en cuestión no ha sido posible, aún, obtener
información oficial sobre el mismo, esto aplica incluso a las autoridades municipales
quienes no cuentan con información precisa, o bien no la han dado a conocer, a pesar de
ello ya ha sido posible ubicar al menos dos puntos del polígono de afectación de dicha
concesión, inicialmente esta recibe el nombre de Raquelita I, lo cual hace suponer la
existencia de otros predios en la tentativa de la explotación, este se ubica en un punto
localizado aproximadamente a 500 metros del punto limítrofe entre San Juan Tepeuxila y
San Sebastián Tlacolula, dicho punto responde al nombre del Caspioso, es necesario
puntualizar que recientemente se ubicó un segundo punto conocido como la Orqueta en
la comunidad de San Juan Teponaxtla, dentro del área de la comunidad, asimismo se
localizo un dispositivo aparentemente satelital en un sitio conocido como loma de La Cruz
dentro de la misma comunidad, dicho aditamento cuenta con referencias de Petróleos
Mexicanos y fue depositado ahí en fechas recientes, el mismo se encuentra en el trazo de
la línea recta que une los puntos mencionados, existe la suposición, basados en informes
de los habitantes de la comunidad de San Sebastián Tlacolula, que un aditamento similar
se localiza en las estribaciones del cementerio de la localidad.

A partir de la información disponible el CENTRO DE ESTUDIOS DE LA REGIÓN
CUICATECA, ha presentado una aproximación de la poligonal mencionada,
adicionalmente hemos detectado mediante esta información la existencia de yacimientos
importantes en al menos otros dos municipios contiguos a San Juan Tepeuxila, Santa
María Pápalo y Santos Reyes Pápalo, con sus agencias correspondientes, lo cual anticipa
el interés de las compañías mineras sobre los territorios y pretendidamente la posibilidad
de conflictos derivados de ello, máxime cuando hasta el momento no se ha informado a
las mismas de los proyectos y como en el caso mencionado se ha decidido sobre dichos
territorios violando la normatividad existente y, además, de manera fraudulenta.

En este contexto es indispensable señalar que las comunidades afectadas son
comunidades indígenas, lo cual, de acuerdo a la legislación estatal y de los convenios
internacionales les concede el derecho irrestricto a la información y consulta de los
efectos que cualquier proyecto a realizarse en su territorio pudiera tener para los efectos
de la vida comunitaria, con todo lo que ello significa, cultura identidad, pertenencia, etc.

Los resultados de la investigación arrojan además datos especialmente preocupantes, en
torno a las probables repercusiones al ecosistema, los cuales agravan más dicha
condición, ya de por si critica, cuando hablamos de las comunidades, sobre todo porque
estas tierras se encuentran en el espacio de la reserva de la biósfera Tehuacán-Cuicatlán
y son consideradas únicas a nivel mundial por la gama de riqueza que contiene el
germoplasma de la misma, lo que significaría la desaparición de múltiples especies
endémicas, tanto de flora como de fauna, si ello no resultara preocupante existen en la
zona múltiples afluentes que alimentan a las principales corrientes de agua de la región lo
que magnifica el impacto humano, ya que las comunidades de la región de la cañada,
propiamente dicha, se encuentran en una área de características semidesérticas por lo
que el liquido que emplean para su vida proviene de las partes altas, las cuales
resultarían indudablemente afectadas.

Actualmente el CEREC se encuentra realizando el estudio de impacto ambiental del
proyecto, por lo que en breve estaremos en posibilidades de darlo a conocer.
De cualquier manera en relación con los primeros resultados, se avizora un escenario
difícil, dadas las condiciones en que la moderna industria minera realiza las explotaciones
y sus consabidas alteraciones en el medio circundante, pero sobre todo en este caso la
preocupación gira en torno de las características propias de los ecosistemas, los cuales
son el hábitat de cientos de especies endémicas.

Finalmente es necesario puntualizar que el proyecto ha sido previsto para ser
desarrollado por un periodo de 50 años, los cuales corren a partir del 31/03/2006 hasta
30/03/2056, según los datos localizados, sin embargo conforme las comunidades se han
enterado del mismo han manifestado su rechazo y oposición al mismo, por lo que pueden
anticiparse dificultades próximas, a menos que se repongan los procesos para la
discusión y consulta del proyecto de cara a las comunidades afectadas, ello es
especialmente importante dados los antecedentes ocurridos en el estado de Oaxaca
desde el año anterior.

En este sentido, el escenario reciente en el Estado, la violencia desatada por algunos
sectores del Estado, avalada por el sector duro del gobierno y habida cuenta de las
intrincadas relaciones que el aparato político tiene con los sectores más poderosos del
capital, tanto nacional como internacional, se puede prever una difícil lucha de las
comunidades por resistir a la destrucción que entrañaría dicho proyecto.

En el contexto mencionado, hasta ahora, se han celebrado dos encuentros comunitarios
impulsados por los Comisariados de Bienes Comunales y las autoridades locales, a estas
han asistido en promedio quinientos asistentes, dato especialmente importante pues se
trata de comunidades con menos de mil habitantes, por lo que el total de los comuneros
de las mismas ha participado.

Al mismo tiempo se ha recibido la solidaridad de sectores sociales que viven o han vivido
circunstancias similares en fechas recientes, ello ha significado un aliciente para las
comunidades afectadas y deja en claro que la resistencia comunitaria es especialmente
importante ante esta ofensiva sobre la vida y la integridad territorial y por tanto de la vida
comunitaria.

Un hecho relevante es la participación de todas las representaciones comunitarias en
ambos encuentros, por lo que estos se seguirán celebrando en las comunidades restantes
del municipio y aún más ya se ha extendido la noticia a comunidades vecinas, las cuales
han mostrado un interés creciente en recibir la información disponible hasta el momento,
con previsiblemente una reacción similar dadas las formas en que se han dado los
acontecimientos en torno del proyecto.
Lo anterior hace previsible un escenario de resistencia de las comunidades y de posibles
confrontaciones, dadas las implicaciones de la problemática, por lo que es necesario
llamar la atención ante ello.

viernes, 5 de octubre de 2007

Al reencuentro de la Latinoamérica profunda

... la conquista y la opresión no son solo crímenes abstractos;
tienen consecuencias en el mundo real: la mezcla de los pueblos,
la creación de poblaciones nuevas y heterogéneas. El mundo
siempre cambia de un modo moralmente justificable, y los
derechos se pueden perder, o por lo menos se reducen sin que
de ello tengan la culpa los perdedores. (Michael Walter
TRIBALISMO MODERNO en Revista “Facetas” 1 – 1993)




La crónica dificultad que, la generalidad de, los mexicanos tenemos para entender la diversidad cultural de nuestro país nos ha llevado a una suerte de aislamiento permanente, cada uno en su torre de marfil, lejos de la realidad de las “minorías”, como suele llamárseles a los grupos representantes de la diversidad, sea ésta, étnica, religiosa, preferencia sexual o de cualquier otra índole, como una suerte de legitimación de la abismal distancia social que establecemos entre el ellos y nuestro respectivo mundo, el de la cultura dominante llamada también mestiza, por tanto hemos sido educados para olvidar que la igualdad es tan solo un imaginario, es ideal, cuando queda en la enunciación y no trasciende a la práctica.

Nada de ello es gratuito, finalmente, el proceso histórico sobre el que se ha dado la conformación de la “Nación” mexicana es el resultado de las disputas entre los proyectos eurocéntricos, liberalismo y conservadurismo, es así como desde el momento de la independencia se sentaron las bases para la constitución de un modelo de país fincado en lo opuesto a la comunalidad.

El Estado mexicano, heredero de la doctrina liberal de la ilustración y del liberalismo francés, asumió desde sus orígenes el discurso de igualdad de la ciudadanía universal, que reivindica la unicidad del derecho y pone el acento de la personalidad jurídica en el individuo (Marshall T. H., 1950). La triada un pueblo/un territorio/una cultura, como prerrequisito para la conformación del Estado, fue el proyecto para el cual se impulsó la política de aculturación e integración de los pueblos indígenas a una cultura nacional homogénea y mestiza. En nombre de la igualdad y de la necesidad de construir una nación moderna, se le negó a los pueblos indígenas el derecho de hablar sus propios idiomas y se impuso el castellano como lengua única; se les implantaron leyes que no entendían y que no consideraban el contexto cultural de los acusados; se deslegitimó la autoridad de sus instituciones político-religiosas, imponiéndoseles autoridades municipales mestizas que concentraban el poder político y económico de regiones enteras.


En este contexto para quienes provenimos de una matriz cultural perteneciente a estos grupos sociales, en este caso uno de los pueblos originarios, resulta de especial importancia emprender la reconstrucción de los elementos propios de estas culturas primarias para hacerlos el mecanismo fundamental para el impulso de mejores condiciones sociales en el futuro mediato, como la alternativa para la construcción de una sociedad más justa y democrática, dada la premisa de que nuestras diferencias nos han significado un menor acceso a las oportunidades que presupone pertenecer a una nación como la mexicana.

La historia del indio con respecto al estado mexicano y a la sociedad civil en general ha estado llena de conflictos y de pendientes. El estado mexicano constantemente ha tratado de integrarlos y asimilarlos formando una nación única y homogénea. No obstante, con el fenómeno de la globalización y otros aspectos tales como los derechos humanos, los indios como grupo étnico han adquirido fuerza a nivel internacional y han logrado el reconocimiento y reivindicación de sus derechos que tantos años han buscado como pueblo y cultura distintos. Es así como el indio no sólo ha mantenido su identidad y costumbres, sino que se ha ido insertando en el nuevo contexto internacional adaptándose e innovando sus usos y costumbres.



La cultura nacional en el panorama mundial actual.

Para nadie es un secreto que las últimas décadas del siglo XX una serie de acontecimientos de amplia relevancia sacudieron al mundo, desde la caída del llamado socialismo real, representada por la Perestroika rusa y significada por el fin del muro de Berlín, lo cual para occidente representó “el fin de la historia” (Fukuyama dixit) y por ende el triunfo definitivo del capital y la imposición de un Nuevo Orden Mundial, basado en la globalización, como el punto de referencia para acreditar la humanidad tanto individual como colectiva, es decir el triunfo aparente de la sociedad de consumo.

Si bien es cierto esto acontecía en la llamada sociedad global, como apunté “la sociedad de consumo”, en el nivel de las clases trabajadoras, las de menores capacidades de competencia en el mundo del capital, las clases subalternas, se empezaron a generar una serie de movimientos alternativos con sus respectivas manifestaciones, una bandera enarbolada por el capital global, los derechos humanos, dieron la pauta a estos diferentes movimientos, la expresión máxima se puede resumir en la frase “otro mundo es posible” cuyo eje nodal es la lucha contra el avasallamiento del capital, piensa global--actúa local, reza la consigna que ha suscitado una oposición creciente contra lo que se reconoce como una política de exterminio en contra de los grupos de no consumidores, es decir los pobres, la inmensa mayoría del mundo, el FORO MUNDIAL SOCIAL, se ha convertido en un espacio de reflexión colectiva y de importantes aportes teóricos sobre el problema.

Las condiciones históricas particulares de México se vieron, además, influenciadas por el hecho geopolítico de nuestra coexistencia con los E. U., ello genera condiciones que no se repiten en ningún otro lugar del mundo.

El fin de la Tercera Guerra Mundial, o Guerra Fría, marca una nueva época a escala planetaria, permitiendo que la globalización y el neoliberalismo se consolidaran como modelo dominante en todo el orbe. Ello nos impactó directamente, porque la circunstancia de ser vecino del hegemón mundial es determinante y esencial, desde una perspectiva geopolítica, geoeconómica y geoestratégica, es decir, territorial; tenemos, por tanto, una situación histórica particular por la vecindad con la cede del mayor imperio mundial surgido en la historia.

Aunado a este hecho incontrovertible, la historia misma del país ha generado una serie de situaciones propias de la multiculturalidad contenida en sus expresiones, sobre todo en las relativas a la toma de decisiones, la llamada autonomía, por lo menos durante los casi dos siglos de independencia, la colonia merece mención aparte.

En este sentido el fracaso de las políticas culturales implementadas por y desde el Estado han sido, por decir lo menos rotundos fracasos, desde la asimilación hasta la integración, pasando por la cultura nacional oficial, reflejada en sistemas educativos obsoletos y caducos, los cuales lo menos que han logrado es integrar o asimilar a los grupos étnicos a una sola nación, hasta el asistencialismo y la folclorización a principios del siglo XXI vivimos un resurgimiento de formas de cultura consideradas desaparecidas por no pocos defensores de la cultura nacional única.

La idea central de que la aculturación sería la solución a las profundas diferencias evidenciadas durante la Revolución mexicana, expresadas en la masiva participación popular en los proyectos zapatista y villista, sobre todo, no pudo ser superada por medio de las políticas postrevolucionarias que pretendieron, por la vía mencionada de la asimilación incorporar a estos grupos a un proyecto único y sí fueron la base sobre la que la familia revolucionaria se reconstituiría y con ello la nueva clase política que, aplicando la máxima del gatopardismo propuso un “cambio para que todo quedara igual”. En el fondo la exclusión de las mayorías afectó a quienes de cualquier modo no podrían ser incluidos, dado que su inclusión dependía de su desaparición como entes con una identidad colectiva propia, distinta del mencionado modelo individualista derivado del proyecto triunfante.

En los albores del siglo XXI asistimos, entonces, al resurgimiento de formas culturales múltiples, que obligan a reconsiderar los paradigmas para el análisis de la realidad nacional, las realidades debemos entender a partir de ahora, en este contexto se hace necesario repensar seriamente la llamada “cultura nacional”.

En los momentos en que se elabora este informe se suceden una serie de acontecimientos que exigen una profunda revaloración de los temas mencionados, a nivel continental el movimiento indígena pugna por alcanzar espacios de representación política, su participación organizada en los escenarios nacionales alcanza cada vez mayor importancia, Ecuador y más recientemente Bolivia con un presidente de origen indígena, Evo Morales Ayma, indican que es necesario rediscutir a nivel continental temas relacionados con la identidad nacional.

Grupos indígenas organizados han puesto desde hace varias décadas en el escenario político contemporáneo de América y México proyectos alternativos a debate, desde el katarismo boliviano, pasando por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, el movimiento Pachacutik, el movimiento guatemalteco de la URNG, hasta llegar al neozapatismo y el Congreso Nacional Indígena (CNI), se han acumulado una gran cantidad de aportes que bien valdría la pena reflexionar colectivamente en este nuevo siglo, que puede ser en siglo de “Nuestra América”.


jueves, 20 de septiembre de 2007

Breve análisis de la evolución de las relaciones intercomunitarias en Tepeuxila.

A lo largo de la segunda mitad del siglo veinte la migración convirtió a la comunidad de San Juan Tepeuxila en una comunidad fantasma, hecho mayormente visible los últimos veinte años, esta situación ha mantenido hasta fechas muy recientes, mediados del 2005, una serie de complicaciones en las relaciones entre los miembros de la comunidad, agrupando por un lado a quienes habitan en la "comunidad originaria" y aquellos quienes por diferentes razones migramos, "comunidad moral", cabe señalar que no hemos adoptado esta condición en todos los casos, sino muy recientemente.

Pese a que no ha existido permanentemente una relación de coparticipación entre ambas comunidades, debe señalarse que a lo largo del medio siglo tomado como referencia en múltiples ocasiones se han establecido contactos de trabajo entre diferentes formas de organización de los migrantes y la comunidad, estas han transitado de las juntas coordinadoras, comités pro, mesas directivas hasta llegar a la Asociación Civil, activa de manera ininterrumpida, aunque con altibajos los últimos diez años.

El alcance de estas formas de trabajo y el impacto que han tenido, no solo en la comunidad sino en las relaciones intra e intercomunitarias es variado, este ha sido mediado en función del tipo de relación y las condiciones en que esta se ha manifestado, es decir, es necesario para el análisis considerar que como en toda comunidad los intereses, de todo tipo, son variados y poseen el signo definitorio que crean las propias condiciones en que esta comunidad se desenvuelve. Así es necesario considerar, entre otros:

a) Los intereses económicos de estos grupos;
b) Las relaciones sociales imperantes en el medio, desde las económicas hasta las de parentesco.
c) Las diferencias generacionales,
d) Las culturales, resulta claro que un número importante de percepciones del mundo en general se modifican en los individuos a pesar de presentar un origen étnico igual.
e) Adicionalmente los nuevos intereses que surgen en el inter en que las diferenciaciones entre ambas comunidades se establecen

En base a estas condiciones y otras no contempladas pero que pueden incorporarse en este intento de análisis, habría que diferenciar las relaciones de ambas comunidades a partir de diferentes etapas históricas, también sujetas a revisión.
Las comunidades indígenas en México, al menos durante el llamado México independiente han sufrido una constante agresión que puede, a la luz de los sucesivos análisis de todo tipo, traducirse en periódicos intentos de exterminio, también por variadas razones. Aunado a ello las propias dinámicas de la vida comunitaria, combinadas por situaciones propias del entorno natural, fenómenos meteorológicos y otros han generado descensos de la población mismos que pese s su gravedad no han exterminado totalmente a las poblaciones indígenas.

En el caso de Tepeuxila estos fenómenos tenido impactos diferenciados, la población de la comunidad pese a ser diezmada a lo largo de este tiempo, bien por fenómenos meteorológicos bien epidémicos, había mantenido la capacidad de recuperación más o menos gradual, pero constante, sin embargo el mayor impacto demográfico fue asestado por las políticas de Estado, específicamente las derivadas del modelo de industrialización de la década de los cuarenta, destinada a modernizar las estructuras productivas del país, mismas que dejaron de ser agrarias para convertirse en "industriales", el signo de este modelo fue el abandono de las estructuras agrarias, de las cuales formaba parte tepeuxila, una sociedad predominantemente agraria, privilegiando las aún en esta época incipientes estructuras urbanas.

Dicho impacto marcó el inicio de las cada vez más crecientes migraciones, así dio inicio el despoblamiento ahora por razones menos fáciles de contrarrestar de nuestra comunidad, con ello se marcó también el principio de una transformación en el pensamiento de los tepeuxileños, mismo que conforme avanzó el tiempo nos hizo diferenciarnos cada vez más. "los de afuera y los de adentro".

El éxito de los primeros migrantes tepeuxileños, buenos empleos, posibilidad de estudiar, en un ambiente urbano en ciernes, les permitió transmitir dichas experiencias a quienes aún se encontraba inmersos en la dinámica de la comunidad, ello impacto aunque en grado reducido y aceleró la migración de otros más, conforme el número de migrantes creció se incrementaron también las razones para reencontrarse en ese exilio forzado, ello sentaría las bases de los primeros intentos por participar, ahora a la distancia, de las cuestiones comunitarias, en esta etapa y dadas las condiciones de postración económica en que se encontraba la comunidad la participación era básicamente de tipo económico, con el tiempo adquiriría otros sentido.

Las condiciones económicas de la comunidad no mejoraron en estas primeras décadas de la migración y sí por el contrario se acrecentó aún más la miseria en que se debatía un creciente número de tepeuxileños, aunado a ellos un espíritu de emprender nuevas experiencias se hizo presente en otros más, explorar otras posibilidades de desarrollo llevó a no pocos a intentar otras rutas además de la ciudad de México, ello modificó las visiones que se tenían del entorno comunitario y alentó a no pocos a tratar de participar de la comunidad. Ello condujo a la constitución de las primeras juntas de participación, más o menos moderadas y con un marcado tinte economicista, el relativo éxito material así lo permitía, básicamente se trataba de establecer comunicación con la autoridad comunitaria y contribuir, las más de las veces monetariamente a la solución de los conflictos.

Durante estas etapas el vínculo responde más bien a una suerte de nostalgia de lo comunitario mismo que se aprecia desde la distancia. Es necesario señalar que en estas etapas no hay visos de alguna discusión sobre la importancia de lo comunitario (cultura, pertenencia, etc.) que permitiera iniciar una verdadera reflexión sobre la importancia de la vinculación entre la comunidad y los migrantes.

El último tercio del siglo XX marcó una transformación en las relaciones inter e intracomunitarias, las contradicciones propias de los intereses intracomunitarios pernearon las relaciones con los migrantes, el conflicto por límites entre la comunidad de Tepeuxila y Tutepetongo se vio afectado por eventos que derivaron en agresiones mutuas, ello generó algunas defunciones en ambos lados, lo significativo para lo que nos ocupa se vio en el relevo de liderazgos al interior de la comunidad, tanto entre los líderes históricos como en el avance de las nuevas generaciones, marginando a la generación intermedia por aquellos años.

Esta nueva situación generó un cambio en las percepciones tanto al interior como en el exterior de la comunidad, es decir migrantes y comunitarios, por un lado se acrecentó la necesidad de los migrantes por participar al interior de la comunidad y al mismo tiempo se percibió dentro de la misma que ello era necesario, esto favoreció el establecimiento de contactos al interior de la comunidad, al menos en algún sector de los migrantes, lo cual permitió realizar actividades de apoyo tanto material como a nivel de asesoría y gestoría en diferentes niveles.

Si bien, las inercias propias de estas percepciones, favorecieron por algún tiempo el establecimiento de relaciones de colaboración entre migrantes y comunidad, la década de los ochenta marcó una nueva transformación en las relaciones entre la comunidad, una nueva generación de tepeuxileños apareció en el escenario de la comunidad, con ideas "modernas" que en buena medida coincidieron con las transformaciones que sufrieron los migrantes, más cercanos a la educación formal, los primeros profesionistas con ideas de participación comunitaria hicieron su aparición, con ello también cambiaron algunas de las formas de participación, la asesoría directa, tanto administrativa como política se dieron en gran medida.

Al interior de la comunidad se manifestaron una serie de cambios en la mentalidad de las nuevas generaciones de tepeuxileños, muchos de ellos con un incipiente contacto con el exterior, mismo que les permitió al retornar a la comunidad implementar ideas "novedosas" en el manejo de la administración y como resultado de ello afloraron algunas contradicciones con el sector de los migrantes que inició la nueva etapa de participación con la comunidad, aunado a ello los reacomodos de intereses y grupos al interior se manifestaron cada vez más abiertamente, generando fricciones con los sectores de migrantes interesados en incidir al interior de la comunidad.

Estas nuevas condiciones en la relación, sin embargo rindieron frutos, las obras públicas más importantes se realizaron en este periodo, la electrificación, la carretera, así como obras de infraestructura importantes tuvieron lugar, es importante destacar que el relevo en el grupo dominante trajo también un reacomodo en las relaciones y los grupos de migrantes, el cual es necesario señalar no ha sido tampoco, a lo largo del tiempo homogéneo, ello llevó a replantear algunas concepciones entre los migrantes.

La década de los noventa inició con un replanteamiento de muchas de las situaciones, las contradicciones derivadas de los cambios de grupo y las percepciones derivadas de ello colocaron en un impase a los migrantes los cuales por un breve periodo optaron por no participar, al menos activamente de las problemáticas de la comunidad, sin embargo algunas variantes en las condiciones favorecieron el reinicio de la participación de los migrantes, ahora con un replanteamiento de algunas de las formas de participación. A finales del año de 1996 se inició un debate interno, entre los viejos activistas, muchos de ellos con una trayectoria de más de 25 años de trabajo con la comunidad, y las nuevas generaciones de migrantes, algunos con experiencia política obtenida del movimiento social urbano, en este se revisaron las condiciones históricas en las que se había dado la participación con la comunidad así como los cambios generacionales que había sufrido el grupo gobernante en la misma y el giro en los intereses del bloque de poder al interior de la comunidad.

Este desdén del poder municipal generó un descontento y la apatía de varios de los migrantes, quienes optaron por automarginarse de las actividades de las Mesas Directivas, hasta que estas dejaron de funcionar, alrededor de 1995, coincidentemente a finales del 96 un conflicto derivado de los desacuerdos entre autoridades municipales y Comisariado de Bienes comunales, en torno a la venta de los bosques de la comunidad abrió el espacio para la participación de los migrantes, al ser convocados por el entonces presidente municipal, Noel Ojeda Mariscal, para intervenir en el caso.

Alentados por esta situación los emigrados iniciaron una serie de reuniones abiertas en las que rápidamente los representantes de las nuevas generaciones de migrantes, muchos de ellos universitarios, introdujeron al debate las nuevas condiciones que el movimiento indígena, reactivado por el neozapatismo chiapaneco iniciado en 1994, ponía en el escenario nacional y alentaron la idea de encontrar los vínculos entre Tepeuxila, un municipio y comunidad indígena y las referencias con el fenómeno nacional del momento

La actividad durante esta nueva fase fue variopinta, se oriento al menos por dos ejes, tratar de incidir en los procesos comunitarios y colocar a los cuicatecos, esto es una noción más de etnia ya no solo de comunidad, en el escenario del momento, la discusión de los derechos y la cultura de los pueblos indios, ello permitió, no sin dificultades, la activa participación en el diseño del Estatuto comunitario, mismo que no fue posible implementar dadas las contradicciones existentes entre la comunidad y de esta con los migrantes, mientras tanto se logró establecer una presencia en otros espacios de carácter nacional, para finales de la década de los noventa se inició la discusión sobre la necesidad de ampliar la incidencia del trabajo realizado a nivel más amplio, la región cuicateca, para ello se concretó la idea de realizar un Congreso Regional, el primero en la región cuicateca, mismo que resultó, aún sin haberse valorado claramente, un impacto importante al nivel de la experiencia entre los cuicatecos de este tipo de trabajo.

Pese a lo anterior la incapacidad de la A. C. para valorar efectivamente el alcance del trabajo realizado motivo la paulatina paralización de todo tipo de trabajo, llegando a la parálisis total a principios del año 2005, las condiciones en Tepeuxila, sin embargo, se modificaron drásticamente, en un análisis de la evolución de la migración y el impacto de la misma en la comunidad se concluía, por esos años, que las perspectivas de sobrevivencia de la comunidad eran, por decir lo menos dramáticas en el corto plazo, se calculaban 20 años, la predicción falló, en este momento debemos reconocer que los cálculos nos fallaron y la crisis demográfica de Tepeuxila llegó mucho antes.

En estas circunstancias, la situación en la relación intercomunitaria se ha modificado drásticamente, ello ha modificado sustancialmente las condiciones en las que los migrantes nos hemos relacionado con la comunidad, nos replantea las condiciones para las relaciones del futuro mediato.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Acerca de la identidad

De las identidades


La identidad es la percepción colectiva de un nosotros’ relativamente homogéneo (el grupo visto desde dentro) por oposición a los ‘otros’ (el grupo de fuera). (Fossaert, Robert. 1983).


La identidad nacional

Existe una enorme dificultad cuando nos aproximamos a la idea de la identidad, por un lado el eurocentrismo propio de la ideología occidental dominante se ha construido sobre un etnocentrismo de cuño europeo, por ello a lo sumo podemos partir de una aproximación al abordar el tema.

La cultura es la base que subyace a la identidad, se entiende a esta corno una construcción social, por tanto, podemos entender a la identidad como una construcción de voluntades colectivas, mismas que después de períodos prolongados de tiempo consensan toda una estructura de orden cultural que les permite relacionarse entre si, evidentemente en la práctica de las sociedades esto no se da de manera sencilla y es más el producto de las contradicciones entre las mismas, para que una de ellas establezca la hegemonía, lo que generará una construcción sincrética, una “nueva” cultura cuyos rasgos serán predominantemente los de la cultura hegemónica, por otro lado, en el mundo actual la idea central de la cultura e identidad ha devenido en un elemento cada vez más irrelevante, después de todo.

El impacto cada vez mayor del mercado mundial sobre el consumo individual y los estilos de vida; el que la gente se defina cada vez más en términos-de grupos o comunidades que pueden ser subnacionales o supranacionales; y el Estado-nación como lugar de toma de decisiones ha sido sustituido por órganos regionales supranacionales que han cuestionado la identidad nacional. Pues la identidad nacional desempeña ciertas funciones externas como que:
• Las naciones definen un espacio social concreto donde viven y trabajan sus miembros
• Las naciones se responsabilizan del control de los recursos de su territorio
• La identidad nacional refuerza al Estado y a sus instituciones políticas y ciertas funciones internas como:
• La socialización de sus miembros para que lleguen a ser ciudadanos y naturales de la nación
• Establece un vínculo social entre individuos y grupos basados en valores, símbolos y tradiciones compartidas
• La identidad nacional supone un medio eficaz de definir y ubicar la personalidad de los individuos en el mundo, a través del marco cultural que la caracteriza. [1]


Las sociedades colonizadas como las culturas originarias de mesoamérica, generan sociedades profundamente marcadas por esta colonización, tal como podemos apreciar en la sociedad mexicana contemporánea. Dicho fenómeno se construyó al terminar los trescientos años de colonización española, es decir con el nacimiento del nuevo Estado— Nación a partir de 1821, pese a conformar una nación única, los criollos, terminaron por imponer su concepto de sociedad, después de todo eran los ilustrados de la sociedad naciente, y.

El sujeto cultural colonial recurre, a fin de interpretar al otro, a códigos o filtros interpretativos preexistentes. La “alteridad” no puede representarse puesto que la identificación con el otro sólo puede expresarse a través de mis propios modelos discursivos. El Sujeto cultural colonial reproduce una serie de procesos de alineación por e lenguaje que imposibilitan la representabilidad del otro, sea por la imagen de la comparación, sea por la imagen de la denegación. [2]


Ello resulta comprensible en la medida en que la noción criolla de modernidad que acompaño al proceso de independencia contemplaba que el modelo a seguir era el europeo, en ese sentido. “Un país tan lleno de Indios (más del 60 % en 1810) no podía seriamente aspirar a la modernidad y el progreso.” [3]


Pasados los primeros treinta años de “independencia’, no exentos de dificultades los liberales terminaron por imponerse, entre ellos destacan notables descendientes de los grupos indígenas, Juárez y Díaz, entre otros, sin embargo, fieles a la ideología liberal estos liberales defendieron la idea del mestizaje como el estado ideal de la sociedad, el único método capaz de garantizar el “verdadero” desarrollo nacional, sobre todo el vinculado al aspecto económico, aquí nuevamente prima la idea de que los indios no eran dignos de confianza como participantes del nuevo proyecto de nación sobre todo porque; ...Su tendencia a vender poco y comprar lo indispensable los hacia enemigos de la panacea de la época [y de la actualidad]: el libre cambio y la empresa libre. [4]


Resulta pues evidente que para un sociedad cuyo imaginario es el de convertirse rápidamente en un país rico y moderno, a la imagen y semejanza de los Estados Unidos, en el cual la riqueza se entiende como el producto natural del trabajo individual expresado en la propiedad privada los “arcaicos” esquemas de la comunidad y la propiedad colectiva resultaran el mayor obstáculo para el desarrollo armónico de dicho país.

Los discursos liberal y conservador del siglo XIX son inclusivos y excluyentes, aunque predomina la visión de un indio destinado a desaparecer bajo el principio de que “todos somos iguales ante la ley” y una política encaminada a la destrucción de sus bases de reproducción para liberar mano de obra y tierras comunales, no sin una resistencia indígena que se extiende a lo largo de ese siglo. Los indigenistas de principios del siglo XX reconocen la existencia de los indios y la necesidad de conocerlos para asimilarlos, construir una Nación homogénea y establecer el “buen gobierno. [5]



Amén de las dificultades generadas por las diferencias culturales, la contradicción inherente al Estado liberal oligárquico, presente a lo largo de este periodo asumió formas específicas en diversos momentos, según el grado de desarrollo alcanzado por el capitalismo en México; la naturaleza de la dependencia del exterior; la composición del bloque en el poder, y la clase —o fracción de clase— que detentó la hegemonía de este último:


La crisis de hegemonía así creada, provocó el debilitamiento del Estado nacional y el consecuente fortalecimiento de las oligarquías regionales y locales. Con ello, la obra de los gobiernos de Juárez y Lerdo quedó en suspenso, si no es que menguada. Ciertamente, cuando Díaz ascendió al poder, no lo hizo con la fuerza e independencia que tuvieron sus predecesores en la presidencia frente a las fuerzas regionales o locales, sino con el flaco acuerdo que le debían los generales tuxtepecanos, quienes, a más de sus propios intereses, representaban en el fondo a las oligarquías de sus respectivas localidades. [6]


El proyecto modernizador encarnado por Díaz y los “científicos”, representantes de estas oligarquías regionales, decretó al mestizaje como la única vía verdadera de desarrollo, por ser la más cercana a la esencia del criollo, nuevamente se marginaba a las culturas originarias que tan penosamente habían sobrevivido a los embates de las sucesivas modernidades, la española, la criolla y ahora enfrentaban la segunda versión del liberalismo, la primera encabezada por Juárez proponía la democracia y la libertad como los ejes de la modernidad, la nueva descartaba esta vía y promovía el orden para llegar al progreso, precisamente por ello lo llamaban positivismo.

El predominio del grupo científico sobre las fracciones regionales de la burguesía mexicana era en gran medida posible gracias a la debilidad política de estas últimas, debilidad que la centralización inherente a la dictadura de Díaz se encargaba incesantemente de alimentar. Las contradicciones generadas por esta imposición y el surgimiento de una nueva facción de la burguesía nacional, representada por una nueva generación más joven y con elementos culturales “modernos” adquiridos en el exterior, entre otros la democratización de la sociedad y la institucionalización del Estado, alentó la revolución mexicana.

De esta etapa destacan dos vertientes de la misma, la popular en la que básicamente participaban los explotados del régimen, predominantemente los indígenas, cuya demanda central era la tierra y la vuelta a la esencia de la comunidad, encamada, sobre todo en el zapatismo y por el otro lado la porción moderna de la burguesía, cuya demanda central era la reforma política, liderada por Madero. “En la etapa armada de la Revolución participan el México imaginario y el México profundo, cada uno por sus propias razones y en procura de sus objetivos propios.” [7]


La derrota del porfiriato, previa alianza coyuntural entre las dos vertientes de la revolución, abrió el espacio para el proyecto modernizador de la burguesía, en una versión todavía más moderna que la maderista, el Grupo Sonora con su vía farmer, para desarrollar al país, ésta terminó por ratificar la idea de que la única ruta para el desarrollo seguía siendo la del mestizo, como continuador de la cultura criolla, de este modo:

La concepción ideológica del México mestizo de la Revolución no fue, no ha sido, tarea fácil. Esquemáticamente, la versión que predomina puede enunciarse así: la raíz profunda de nuestra nacionalidad está en el pasado indio, de donde arranca nuestra historia. Es un pasado glorioso que se derrumba con la Conquista. A partir de entonces surge el verdadero mexicano, el mestizo, que va conquistando su historia a través de una cadena de luchas (la Independencia, la Reforma) que se eslabonan armónicamente hasta desembocar en la Revolución. [8]


La versión de la identidad nacional queda entonces configurada “definitivamente”, los nuevos intelectuales de la nación mexicana; Vasconcelos, Samuel Ramos y otros defenderán a capa y espada la nueva esencia del mexicano, desde el aparato político del Estado o desde la academia, defendiendo el carácter “profundamente” hispánico de la cultura mexicana. Bajo esta perspectiva Samuel Ramos define la cultura mexicana en su obra El perfil del hombre y la cultura en México (1935), obra fundamental en su época.

Para Ramos la cultura mexicana, es decir la cultura criolla, la constituyen los valores espirituales y morales que la cultura europea, en particular España legara a México. Es la religión católica y el idioma español en donde se concretizan dichos valores que distinguen al mexicano del “indio primitivo”; de ahí las críticas de los nacionalistas de la época hacia la élite intelectual, entre ellos Los Contemporáneos, a la que tildaban de “europeizantes”.

Ramos defiende a esta élite transmisora de la “cultura superior” o de la “alta cultura” como diría Henríquez Ureña, en los siguientes términos: No es desprecio a su país, ni la incomprensión de sus problemas la causa de que el intelectual mexicano no haga citas de la realidad circundante; es que cuando el espíritu quiere expresarse tiene que hacerlo en un lenguaje propio que no ha creado todavía el suelo americano y que sólo puede dárselo la cultura europea.

En un contexto nacionalista, como el derivado de la Revolución mexicana, reconstruir la cultura implicaba elaborar criterios para establecer una continuidad ideológica que identificara a una nación en formación. José Vasconcelos, puso en práctica estos presupuestos elaborados desde el Ateneo de la Juventud, en su programa como Secretario de Educación Pública durante el gobierno de Obregón, mediante un “plan de salvación” a través de la cultura en él, se coloca al espíritu como instrumento integrador por una parte de los obreros y campesinos que reivindicaban los logros de la revolución, aparte de los grupos indígenas quienes debían adoptar el español como lengua legítima. “… el proyecto de la Revolución planteaba [así] reivindicaciones condicionadas a que los beneficios que se otorgaban a esos mexicanos fueran al mismo tiempo los instrumentos para su integración, esto es, para su desindianización.” [9]


Puesto que la identidad de una nación se define a partir de sus símbolos, resulta entonces, que su fortaleza es directamente proporcional al grado de conciencia que tengan los participantes y actores de la vida nacional, de sus elementos componentes, quizás por ello el México que tenían en mente los ideólogos de la posrevolución no era otro sino el mestizo, es decir se trataba de borrar los símbolos de ese México profundo por la vía de la modernización occidental.

La emergencia de nuevos actores y de nuevos estadios inexistentes hasta antes de la mitad del siglo XX, aunque explicables en función del desarrollo histórico-social de los fenómenos propios del mismo siglo, abrieron la pauta para la rediscusión de una serie de conceptos directamente asociados con la cultura y la identidad, las llamadas clases subalternas asumieron un papel protagónico hacia finales del siglo XX, reivindicando su derecho a la existencia y reclamando el reconocimiento derivado de ello.

El debate sobre estos fenómenos, sobre todo el relacionado con la identidad, se han diluido sistemáticamente en torno a la idea de una sola identidad llamada nacional, compuesta como he apuntado por simulaciones, enfocadas a la negación sistemáticas de las otras identidades que componen al México profundo. Resulta necesario, al menos para el caso redimensionar dicho debate y asumir que en las condiciones actuales de crisis nacional, en las naciones cimentadas bajo estos preceptos, la única alternativa visible para revertir la descomposición social en ciernes es la asunción de la necesidad de revalorar dichos temas como parte central de futuros proyectos colectivos.

En este sentido las propuestas de análisis del tema deberán anclarse en elementos históricos a todas luces innegables, no es posible pensar en la existencia de una identidad única en espacios geográficos como los nuestros, América latina es una construcción histórica producto del concurso de una multiculturalidad, de ahí que sea necesario asumir las siguientes consideraciones; el concepto de identidad implica necesariamente: “(1) la permanencia en el tiempo de un sujeto de acción (2) concebido como una unidad con límites (3) que lo distinguen de todos los demás sujetos, (4) aunque también se requiere el reconocimiento de estos últimos.” [10]
[1] Anthony Smith. La identidad nacional. Madrid, Trama Ed. 1997, p 76
[2] Edmond Cros. El sujeto cultural, sociocrítica y psicoanálisis. Buenos Aires-Argentina, Ediciones Corregidor, 1997. p 67
[3] Guillermo Bonfil Batalla. México profundo, una civilización negada: México; Grijalbo; 1994. Pág. 154.
[4] Ibíd. p 154
[5] Alicia Castellanos Guerrero “Notas para estudiar el racismo hacia los Indios de México” en Papeles de POBLACIÓN No. 28; CIEAPIUAEM; abril/junio 2001; P 166-167.
[6] Juan Felipe Leal. Del Estado Liberal al Estado interventor en México, México; El caballito. 1991. p14.
[7] Guillermo Bonfil Batalla. Op. Cit. p 165.
[8] Ibíd. p 167
[9] Ibíd. P 169.
[10] Cfr. Gilberto Giménez. OP. Cit. p 9