I
De los
saberes y placeres de tu cuerpo,
de tus
deseos colmados,
de tus
ansias saciadas con palabas,
de tus
miradas anhelantes,
de las
suaves caricias de tus manos,
del dulce
almíbar de tus labios,
de la fresca
fuente de tu vientre,
del calor
que mana de ti.
II
Y sin
embargo musito tu nombre,
añoro tus
labios,
extraño tu
cuerpo,
te sueño
despierto,
te busco en
la brisa,
en el sol,
en la luna,
en la noche
estrellada,
en la noche
sin luna,
en el cielo,
en las nubes,
te busco, te
busco en el alma,
en el
cuerpo, aquí
III
Y de tu
ausencia me quedan las cenizas del deseo,
el aroma de
tu cuerpo,
el almíbar
de tus labios,
el brillo de
tus ojos,
la ternura
de tu mirada,
el sol de tu
sonrisa,
la calidez
de tu voz,
el suave
sabor de tus besos,
la tibia sensación
de tu cuerpo, tu.
IV
De la
gramática, semántica y afines,
rescato
todas las letras, las palabras,
para cantar
las glorias seráficas de ti,
de tu alma
que cual llama me conduce,
al amor,
pasiones y deseos,
de tu
sonrisa que ilumina todo,
de tu cuerpo
gozoso, de tu pasión total.
V
Y soñé que
te tenía,
soñé que
eres parte de mi vida,
y con el
sueño te construí una vida,
una vida que
anduviera con la mía,
unas alas
que volaran junto a mí,
unos deseos
que incendiaran con los míos,
pero he aquí
que ni mis sueños,
ni tu vida,
ni tus alas han sido ya mías,
así que
ahora sin mis sueños, sin tu vida y sin tus alas,
eres tan
solo un espectral recuerdo de la vida,
de la mía y
de la tuya,
vuela
entonces tan libre como siempre,
que yo
construiré, otros sueños,
otra vida,
otras alas y algún día,
tan solo
algún día, en otro tiempo en otro espacio,
se
encontrarán tu alma y la mía.
VI
En el
inmenso mar azul de tu mirada,
descubrí una
cálida mañana,
que no
existe pecado en el deseo,
que no es
sacrílego llamar a tu cuerpo paraíso,
que no hay
herejía más deliciosa que tu boca,
que si morir
es nuestro fin,
vivir en ti
es la gloria aquí.
VII
En las
delicias de tu boca,
abreva a
diario mi alma y me provoca,
tenerte
siempre en estas horas locas,
juntos
tocando los tálamos excelsos,
en donde
sueños y pasiones se desbocan,
y tú,
mirando desde el fondo de tu alma,
tan solo
enciendes ansias locas.
VIII
De
gratitudes en el tiempo,
de canciones
silentes que envuelven universos,
de pasiones
que mueven los cimientos del cosmos,
de arcoíris
que condensan los amores,
de besos que
conmueven almas,
de ensueños
que murmuran paraísos,
de renaceres
cotidianos en ti.
IX
Cantos
febriles brotan de tu pecho,
luciérnagas
doradas de tus ojos,
como
libélula cediendo al embeleso de luces sobre el agua,
así mi alma
se encuentra con la tuya,
brillan en
lo alto gigantes arcoíris nacientes del centro de tu vientre,
cantos
vitales.
Abrevaré de
la luz que mana de tu fuente,
beberé de
almíbar de tus labios,
renaceré en
el calor de tu mirada,
caminaré en
la huella de tus pasos,
volaré
aleteando con tus alas,
reposaré en
la tibieza de tu vientre,
y desde ahí
volveré a ser uno con tu luz.
X
Al alba del
deseo apareciste,
grácil, febril, en mis mañanas,
en mis días en mis noches,
será por ello que te extraño,
y desde entonces no hay mañana,
ni día con su noche que no suspire,
que no grite tu nombre,
que no extrañe tus labios, tu cuerpo,
vida.
XI
Te busco en el amanecer,
en la alborada de mis días,
en el trino del pájaro primero,
en la tibieza de mi lecho,
en el aroma de tu piel,
en la húmeda fuente del deseo,
en los besos que no me has dado,
en la sonrisa del sol,
en los colores del alba,
en mi.
en la alborada de mis días,
en el trino del pájaro primero,
en la tibieza de mi lecho,
en el aroma de tu piel,
en la húmeda fuente del deseo,
en los besos que no me has dado,
en la sonrisa del sol,
en los colores del alba,
en mi.
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