miércoles, 5 de junio de 2013

Saberes y placeres




I
De los saberes y placeres de tu cuerpo,
de tus deseos colmados,
de tus ansias saciadas con palabas,
de tus miradas anhelantes,
de las suaves caricias de tus manos,
del dulce almíbar de tus labios,
de la fresca fuente de tu vientre,
del calor que mana de ti.


II
Y sin embargo musito tu nombre,
añoro tus labios,
extraño tu cuerpo,
te sueño despierto,
te busco en la brisa,
en el sol, en la luna,
en la noche estrellada,
en la noche sin luna,
en el cielo, en las nubes,
te busco, te busco en el alma,
en el cuerpo, aquí


III
Y de tu ausencia me quedan las cenizas del deseo,
el aroma de tu cuerpo,
el almíbar de tus labios,
el brillo de tus ojos,
la ternura de tu mirada,
el sol de tu sonrisa,
la calidez de tu voz,
el suave sabor de tus besos,
la tibia sensación de tu cuerpo, tu.


IV
De la gramática, semántica y afines,
rescato todas las letras, las palabras,
para cantar las glorias seráficas de ti,
de tu alma que cual llama me conduce,
al amor, pasiones y deseos,
de tu sonrisa que ilumina todo,
de tu cuerpo gozoso, de tu pasión total.


V
Y soñé que te tenía,
soñé que eres parte de mi vida,
y con el sueño te construí una vida,
una vida que anduviera con la mía,
unas alas que volaran junto a mí,
unos deseos que incendiaran con los míos,
pero he aquí que ni mis sueños,
ni tu vida, ni tus alas han sido ya mías,
así que ahora sin mis sueños, sin tu vida y sin tus alas,
eres tan solo un espectral recuerdo de la vida,
de la mía y de la tuya,
vuela entonces tan libre como siempre,
que yo construiré, otros sueños,
otra vida, otras alas y algún día,
tan solo algún día, en otro tiempo en otro espacio,
se encontrarán tu alma y la mía.


VI
En el inmenso mar azul de tu mirada,
descubrí una cálida mañana,
que no existe pecado en el deseo,
que no es sacrílego llamar a tu cuerpo paraíso,
que no hay herejía más deliciosa que tu boca,
que si morir es nuestro fin,
vivir en ti es la gloria aquí.


VII
En las delicias de tu boca,
abreva a diario mi alma y me provoca,
tenerte siempre en estas horas locas,
juntos tocando los tálamos excelsos,
en donde sueños y pasiones se desbocan,
y tú, mirando desde el fondo de tu alma,
tan solo enciendes ansias locas.

VIII
De gratitudes en el tiempo,
de canciones silentes que envuelven universos,
de pasiones que mueven los cimientos del cosmos,
de arcoíris que condensan los amores,
de besos que conmueven almas,
de ensueños que murmuran paraísos,
de renaceres cotidianos en ti.


IX
Cantos febriles brotan de tu pecho,
luciérnagas doradas de tus ojos,
como libélula cediendo al embeleso de luces sobre el agua,
así mi alma se encuentra con la tuya,
brillan en lo alto gigantes arcoíris nacientes del centro de tu vientre,
cantos vitales.
Abrevaré de la luz que mana de tu fuente,
beberé de almíbar de tus labios,
renaceré en el calor de tu mirada,
caminaré en la huella de tus pasos,
volaré aleteando con tus alas,
reposaré en la tibieza de tu vientre,
y desde ahí volveré a ser uno con tu luz.


X
Al alba del deseo apareciste,
 grácil, febril, en mis mañanas,
 en mis días en mis noches,
 será por ello que te extraño,
 y desde entonces no hay mañana,
 ni día con su noche que no suspire,
 que no grite tu nombre,
 que no extrañe tus labios, tu cuerpo,
 vida.


XI
Te busco en el amanecer,
en la alborada de mis días,
en el trino del pájaro primero,
en la tibieza de mi lecho,
en el aroma de tu piel,
en la húmeda fuente del deseo,
en los besos que no me has dado,
en la sonrisa del sol,
en los colores del alba,
en mi.

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