martes, 24 de julio de 2012

Elucubraciones



I

Soliloquios profundos, monólogos del ansia,
elucubraciones de pasiones insomnes,
gritos de deseos furtivos, lunáticos,
cantos silenciosos en oídos lejanos,
miradas que alimentan saciedades ausentes,
ojos que elevan al mirar, que llevan a horizontes ígneos.
 

II

Insomnios matutinos, añoranzas de ti,
de tus labios en mi pecho, de tus pechos en mis labios,
de tu piel bajo mis manos, de mis dedos en tu espalda,
de tu vientre tibio y húmedo,
de tu voz, de tu mirada,
de tu esencia, de tu aroma,
y ya solo faltas tu.
 

III

Frescuras matutinas, alegorías de tu cuerpo,
miradas que transportan a mundos ideales,
labios que invitan, que incitan a escuchar,
voces que llenan de armonías el entorno,
turgencias de tu cuerpo llenando mi espacio,
vibraciones compartidas, paraíso mutuo.



IV

Mañanas frías, ausencias filosas como obsidianas,
rituales de caos naciente de la nada,
ardores de sueños nocturnos,
labios sedientos de besos sabor canela,
alientos compartidos, aromas de cuerpos ausentes,
navegaciones en mundos paralelos, ansiedad de ti.


V

Febrilidades de lechos matutinos,
cuerpos engarzados, deseos conjurados,
miradas complacidas en tálamos serenados a la luz de la luna,
suaves murmullos, celebraciones del deseo,
mañanas lluviosas que augurando fertilidades silenciosas,
deseos incubándose.
 

VI

Congregaciones vitalicias buscando amaneceres,
alegorías violetas, arcoíris retóricos,
inciensos aromáticos despejando caminos,
paralelismos que llevan al edén,
labios de ambrosía invitando al paraíso de humedades gloriosas,
mañanas plenas de tu ausencia.

VII

Sonoridades de tu nombre, vaivenes de tu cuerpo,
luminosidad de tu mirada de niña inquieta,
susurros de tus labios, frescos y jugosos,
vibraciones desatadas por tu risa,
temeridades de pasiones incitadas,
lubricidades reservadas para dioses, animosidades.



VIII

Respiro tu aliento, suave como sándalo,
aspiro tu aroma, tibio, húmedo, febril,
observo tu luz, brillante, encandilante,
palpo tu piel, suave aroma extasiante,
escucho tu voz, susurro del viento,
siento tu calor, alimenta mi alma,
vives en mi, plena, total.


IX

Te busco en la quietud de mis noches,
 en la sombra de las nubes,
 en el viento fresco de mis tardes,
 en la lluvia que cubre la ciudad,
 en la frescura del bosque,
 en los pasos del caminante,
 en los senderos de la vida,
 en el fresco amanecer de mil voces.
 

X

Te me antojas,
te me antojas como  espectro entre la niebla,
como suave llovizna entre mis dedos,
como brisa emergiendo se los  árboles,
como sombra que acompaña mis pasos,
mis pasos al olvido, al encuentro conmigo,
a esa lejania, tan cercana, tan distante,
tan tuya, tan mía.
 

XI

Como el crepitar de mi hoguera,
así te imagino,
alimentando el fuego,
cálida, tierna como siempre,
como tu misma,
como la dulce y alegre,
la de mirada de ensueño,
la de los ojos del alma,
de mi alma reposando en ti.
 

XII

Crepita mi hoguera,
los pájaros trinan,
los niños ríen y en sus risas te escucho,
presente, siempre presente,
desde el día en que tus ojos me hablaron
en el puente,
ese puente que fue el de nuestro encuentro primero,
primero y perenne, primero y presente.
 

XIII

En la primera luz de la mañana,
te vislumbro saliendo de la bruma,
te aspiro como el aire que respiro,
te ansío como al canto de los pájaros,
como la brisa de la noche húmeda,
como la luz de la luna llena sobre las montañas,
así solo así.

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