I
Necedades del
alma entristecida,
Absurdos que
susurran en busca de olvidos,
Humedades que
esperan alegrías,
Tibiezas
matinales agazapadas en sonrisas,
Cuestas que
incitan,
Que alientan el
ascenso,
Labios como
oasis,
Desiertos que
claman por elegías,
Ansias que
contienen sueños de gloria,
Lejanías que
ansían encuentros,
Risas como
puentes al paraíso,
Turbulencias en
almas cancinas,
Opacidades de
angustias consumiendo auroras,
Horizontes
anclados en ensueños,
Maravillas de
recuerdos de tu ausencia.
II
Hubo una vez un
sueño,
Moraba en el alma
del duende,
Fluía en el sueño
del fauno,
Alegraba el canto
taciturno del mirlo,
Teñía de colores
el paraíso del vagabundo,
Erraba en el amor
del juglar,
Era la razón de
ser del canto en el alma del ruiseñor,
Tañía el corazón
del ciervo,
Daba vida al
mundo del olvido,
Era la razón de
ser del mundo,
La luz del cielo
en una mirada,
El paraíso en una
sonrisa,
Luminosa como el
cielo.
III
¿Y su sonrisa?
¿Y el brillo de
sus ojos?
¿Y el canto
celestial de su voz?
A donde ir cuando
se aleja,
Cuando se oculta
tras la ira,
Cuando se escuda
en la lejanía,
Cuando ya no
respiro el aire de su aliento,
Cuando se niega a
ser el oasis de mis sueños,
Cuando me niega
la luz de su cielo,
Cuando no es la
estrella de mi horizonte,
Cuando solo se
aleja,
¿Y si solo fue un
sueño que cautivó,
Que hizo del arca
del ensueño,
De la ilusión un
pórtico de vida?
